Cambiar las ventanas de una casa, o elegirlas para una obra nueva, es una decisión que se vive durante muchos años. Afecta a cuánto gastas en calefacción y aire acondicionado, al ruido que entra desde la calle, a la luz de las habitaciones y, por supuesto, al aspecto de tu casa.
Las dos opciones más habituales son el PVC y el aluminio. Las dos son buenas y las dos tienen sus particularidades. En este artículo te contamos cómo es cada una, en qué se parecen y en qué se diferencian, para que puedas decidir con más tranquilidad.
Qué es cada material
El PVC es un plástico rígido. Los perfiles de las ventanas están formados por varias cámaras huecas, reforzadas con acero en su interior. Esas cámaras de aire son las que le dan buena parte de su capacidad para aislar.
El aluminio es un metal muy resistente y ligero, pero tiene un inconveniente: conduce muy bien el calor y el frío. Por eso, las ventanas de aluminio actuales se fabrican con rotura de puente térmico (RPT): una pieza de material aislante, normalmente poliamida, que separa la parte interior del perfil de la exterior y evita que el frío o el calor pasen de un lado a otro. Si buscas aluminio para una vivienda, la rotura de puente térmico es imprescindible.
Aislamiento térmico: más parecidos de lo que parece
El aislamiento de una ventana se mide con un valor llamado transmitancia térmica (Uw). Cuanto más bajo sea, mejor aísla. En ventanas de PVC de buena calidad es habitual encontrar valores en torno a 1,4 y 1,6 W/m²K. En aluminio con rotura de puente térmico de calidad, los sistemas actuales pueden situarse en cifras muy similares.
Antes, el PVC tenía una ventaja clara en este apartado. Hoy, con perfiles de aluminio bien diseñados, la diferencia se ha reducido mucho. Lo que sí debes tener en cuenta es que en aluminio la calidad de la rotura de puente térmico marca mucho el resultado, así que conviene preguntar por ella.
El vidrio importa tanto como el marco
Es el gran olvidado de las comparaciones. Una ventana es marco más vidrio, y el vidrio ocupa la mayor parte de la superficie. Un doble acristalamiento con cámara de aire y capa de baja emisividad puede marcar más diferencia en el aislamiento que el material del marco. Y los dos materiales admiten dobles y triples vidrios de alto rendimiento.
Por eso, al pedir un presupuesto, no te quedes solo con el material del marco: pregunta también por la composición del vidrio.
Aislamiento acústico
Si vives en una calle con tráfico o con ruido, este punto te interesa. Tanto el PVC como el aluminio pueden alcanzar buenos niveles de aislamiento acústico, con valores que suelen moverse entre los 30 y los 38 decibelios según la configuración.
De nuevo, lo que más pesa es el vidrio (su grosor, si es laminado, el tamaño de la cámara) y el sellado entre la hoja y el marco, más que el material del perfil. Si el ruido es tu prioridad, díselo a tu instalador para que te recomiende la configuración adecuada.
Estanqueidad, aire y viento
Una buena ventana tiene que impedir que entre el agua de la lluvia, que se cuelen corrientes de aire y que aguante el viento. Estas prestaciones se clasifican por clases, y tanto el PVC como el aluminio de calidad pueden alcanzar las clases más altas en los tres aspectos. Con una fabricación cuidada y una instalación correcta, ambos materiales protegen muy bien frente al clima.
Diseño, tamaño y estética
Aquí es donde se notan más las diferencias.
El aluminio es un material muy rígido, lo que permite fabricar perfiles más estrechos. El resultado son ventanas con más superficie de cristal, más luz y un aspecto actual y minimalista. También es la opción que más margen da cuando quieres ventanales grandes, puertas correderas de gran tamaño o hojas muy altas.
El PVC tiene perfiles algo más anchos y, en huecos de grandes dimensiones, necesita más refuerzos de acero. Aun así, cubre sin problemas las medidas habituales de ventanas y balconeras, y es una opción muy extendida en viviendas de todo tipo.
En cuanto a colores, el aluminio ofrece una gama muy amplia de lacados y acabados. El PVC se encuentra en blanco y en acabados que imitan la madera, muy valorados en viviendas de estilo tradicional o rural, donde se busca el calor de la madera sin su mantenimiento.
Mantenimiento y durabilidad
Los dos materiales requieren muy poco mantenimiento. No necesitan pintura ni barnizado y, en general, basta con limpiarlos con agua y jabón neutro y revisar de vez en cuando herrajes y gomas.
El aluminio destaca por su dureza y su resistencia a la deformación. Si vives cerca del mar, conviene elegir un lacado de buena calidad. El PVC no se oxida y es muy resistente a la humedad, aunque es más sensible a los golpes fuertes y, si el acabado es de baja calidad, puede perder color con los años.
Con una buena instalación y un uso normal, ambos pueden durar décadas.
Sostenibilidad
El aluminio es muy conocido por poder reciclarse una y otra vez sin perder sus propiedades. El PVC también es reciclable, y cada vez es más frecuente que los perfiles incorporen material reciclado. En los dos casos, que la ventana dure muchos años y ahorre energía también es una forma de sostenibilidad.
Y el precio, ¿qué?
Como orientación general, el PVC suele tener un precio algo más ajustado que el aluminio con rotura de puente térmico de calidad equivalente. Pero el coste final depende de muchas cosas: las medidas, el tipo de apertura, el vidrio, el color y la instalación. Lo más recomendable es comparar presupuestos con las mismas características, para que la comparación sea justa.
Entonces, ¿cuál elijo?
No hay una respuesta única. Lo mejor es que te hagas estas preguntas:
¿Qué estética quiero? Si buscas ventanas de líneas finas y mucha luz, el aluminio encaja bien. Si prefieres un aspecto cálido tipo madera, el PVC ofrece muy buenas opciones.
¿Qué tamaño tienen los huecos? Cuanto más grandes sean, más ventaja tiene el aluminio.
¿Cuál es mi presupuesto? Conviene fijar un máximo antes de empezar a comparar.
¿Qué necesito en confort? Aislamiento del frío y del calor, del ruido o de ambos. Recuerda que el vidrio es clave.
¿Qué exige mi proyecto o mi zona? El Código Técnico de la Edificación establece unos requisitos de aislamiento según la zona climática, y es importante cumplirlos.
Y un último consejo: fíjate en la instalación. Una ventana excelente mal colocada pierde buena parte de sus ventajas. Una instalación cuidada, con buen sellado y un montaje preciso, es tan importante como el material que elijas.
¿Te ayudamos a decidir?
En HALIA llevamos más de 25 años construyendo y reformando viviendas, y sabemos que cada casa es distinta. Si estás pensando en cambiar tus ventanas o tienes una obra en marcha, cuéntanos tu caso y te asesoramos para elegir la solución que mejor se adapte a ti.

